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CASTILLO DE ALMANSA

*Actualmente el Castillo se encuentra cerrado por obras de rehabilitación. No obstante, el centro de interpretación del Castillo se encuentra abierto, no dudes en visitarlo y descubrir toda su historia.

ORÍGENES

Los orígenes del Castillo de Almansa se remontan a finales del siglo XI, en época musulmana, aunque su perfil debía ser muy diferente al actual, pudiendo ser un torreón de vigilancia o un recinto fortificado similar a una alcazaba de pequeño tamaño, siendo posible que los muros más antiguos existentes a niveles inferiores sean de esta época.
En torno a la primera mitad del siglo XIII, año 1242 al 1244, el infante don Alfonso, futuro Alfonso X “el Sabio”, conquistó estas tierras en nombre de su padre el rey Fernando III “el Santo” de Castilla, pasando a ser el Castillo y la Villa de Almansa parte de los límites de la Corona de Castilla.

HISTORIA

A finales del siglo XIII, el Castillo se integró en el Señorío de Villena, territorio que controlaría la frontera con la Corona de Aragón y el Reino musulmán de Murcia, donde el Infante Don Juan Manuel ordenaría su reconstrucción sobre la antigua fortificación musulmana.
Durante los siglos XIV y XV el castillo fue testigo de las luchas por el control del Señorío, por su posición estratégica y por ser difícil de tomar militarmente.
El valor del Señorío va a ser tal que la Corona lo utilizó como pago a Alfonso de Aragón que se convertirá en el primer Marqués de Villena.

En el siglo XV, Almansa y su Castillo pasaran al II Marque de Villena, Don Juan Pacheco que comenzara una nueva fase de reformas para adaptar la fortaleza a las nuevas técnicas militares del momento (el uso de la pólvora y los cañones por los ejércitos hacían necesario modificaciones en los muros para hacerlos más resistentes) Entre ellas destacan la construcción de la torre del homenaje con sus bóvedas de crucería y su escalera gótica, barbacanas de acceso, troneras para las armas de fuego, recrecimientos circulares de algunas torres, etc. La fortaleza representaba la figura del marqués y la expresión de su poder.

Todo este conjunto de obras se realizó entre 1445 y 1454, como se desprende de la inscripción conservada en uno de los escudos heráldicos de Juan Pacheco presentes en la torre del homenaje (de hecho, el único escudo con inscripción y armas heráldicas de todos los castillos del Marquesado de Villena).
A finales del siglo XV tuvo lugar en la península la Guerra Civil Castellana, entre Juana la Beltraneja y los Reyes Católicos. El Marqués de Villena apoyó a la Beltraneja, mientras que la población de Almansa, oprimida por el Marqués y cansada de los enormes impuestos que tenían que pagar, tomó parte en favor de los Reyes Católicos, atacando el castillo en el que se refugiaban los hombres del Marqués. Tras un asedio de un año de duración, los almanseños conquistaron la fortaleza, recibiendo diversos privilegios como agradecimiento por parte de los Reyes Católicos.

Con la victoria de los Reyes Católicos, Almansa pasó a formar parte de la Corona como villa real. El rey Fernando el Católico había enviado al capitán Luis Enríquez de Navarra con su compañía de caballería a atacar Chinchilla, cuyo castillo también era fiel al Marqués. Tras la guerra, D. Luis se trasladaría en 1487 a Almansa, donde se afincó definitivamente. Su biznieto D. Marcos Enríquez de Navarra fue nombrado Alcaide perpetuo del Castillo y Fortaleza de Almansa, título que han seguido ostentando sus descendientes.

Tras estos sucesos, en el siglo XVI, al igual que muchos otros castillos, el de Almansa entra en un proceso de abandono, ya que sus principales funciones quedan en desuso, con el lógico deterioro que esto conlleva.

En 1919 el alcalde de Almansa denunciaba el estado ruinoso del Castillo, pretendiendo su demolición, aunque gracias a los informes realizados por la Real Academia de la Historia y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, no sólo se salvó, sino que además, por Real Orden de febrero de 1921 fue declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional.

ACTUALIDAD

En 1952 el Castillo experimentó una profunda restauración en su periferia. En el interior, no reconstruido, solo quedaron unos escasos restos que permiten conjeturar su primitiva configuración. Durante las obras realizadas se descubrió una bellísima escalera de caracol que, desde la Torre del Homenaje, da acceso a la terraza superior de dicho torreón.
En 1990 se puso en marcha un proyecto de reparación y estabilización de los agrietamientos, que consistió básicamente en el cosido de los estratos rocosos, que se realizó mediante la colocación de anclajes y el recalce de las murallas con inyecciones de cemento. Se colocaron diez vigas-contrafuertes para la recogida de las cabezas de los anclajes, que se pueden apreciar en el flanco oriental.

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